Irreverencia y buen humor con los clásicos en el espectáculo de MozART Group

El genial cuarteto de cuerdas polaco demostró que los clásicos no son intocables

Fotografía: Jesús Alberto Castro.

Una gran fiesta de la música ofreció el singular cuarteto de cuerdas polaco MozART Group, en la función presentada en el Teatro Ingenio, donde provocó risas de principio a fin y fue ovacionado la final de un concierto que mezcló cachitos de grandes autores de la música clásica con el pop, rock, country y jazz modernos, entre gags y sketchs llenos de comicidad.
Traídos a esta capital dentro de la Temporada de Primavera 2019 de la Sociedad Artística Sinaloense y el Instituto Sinaloense de Cultura, el cuarteto está integrado por Bolek Blaszczyk en el violonchelo, Filip Jaslar en el primer violín, Pavel Kowaluk en la viola y Michael Sikorki en el segundo violín, quienes pusieron a reír con los clásicos al público que llenó el Teatro Ingenio de Los Mochis.
Temas de Mozart como fondo de escenas del viejo oeste, los duelos con pistolas cuyos cañones sirven para crear música, los arcos de los instrumentos como arcos para arrojas flechas a los vaqueros que huyen en una escena llena de comicidad, montados en sus asientos mientras tocan la Caballería ligera, de Suppé.
Escenas de la película Titanic en las que nomás faltó el beso de amor, juegos con los arcos que agitados con fuerza crean sonidos y con los que simulan saltar la cuerda; el típico juego de las viejas películas cómicas en las que uno es tonto y los demás los gruñones; la imitación de Michael Jackson bailando Thriller, pero en vez de “thriller”, el músico entona “MozART, MozART” o de Los Beatles en La Noche de un Día difícil, todo de un modo irreverente, sin respeto a sus negros y elegantes fracs.
Ello, en medio de fragmentos de temas como la Pequeña serenata nocturna, Si yo fuera rico, El rock de la cárcel, El vuelo del abejorro, el Danubio Azul, el Bolero de Ravel, el Concierto de Aranjuez, Speedy González, o un violín con frufrú de ballerina, bailando un fragmento de El Cascanueces.
Así, brincaron de un estilo a otro, entre rutinas cómicas, sketchs y juegos escénicos diversos, y terminaron subiendo a uno del público para ponerlo a cantar O sole mío, para al final quitarle el frac que le habían prestado.
El público que los ovacionaba no dejo de pedirles “otra, otra” y fueron complacidos, tocando una pieza de Mozart, pero ya completa y en un estilo más formal, demostrando que para jugar con los clásicos primero hay que dominarlos.

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